Por Arturo Castelán
“Mala como el orden, la decencia
Como la buena conciencia
Mala por donde me miren
Mala como una endodoncia
Mala como clavo chato
Mala como película checa
Mala como caldo frío
Mala como fín de siglo”
Liliana Felipe.
-Mírela, ahí viene.
-Déjela en paz!… ¿A dónde va con esa piedra?
-Adonde la justicia y el corazón me lo exige: a apedrear a esa vieja maldita! A la mujer más diabólica del cine y la TV Mexicana! La que ha pisoteado los ánimos de superación de un oficinista que ha descubierto que puede ser un escritor de éxito! La que se burla de la redención de una prostituta violada que vuelve a creer en los hombres en brazos de un cristero! La que impide que cristalice el amor de su hijo con una mujer de la vida fácil a la que busca robarle a su hijo…!
Y va entonces volando la piedra sobre una actriz mexicana maravillosa que a través de la confección perfecta de crueldad y odio en sus papeles hizo que hirviera la sangre de su público. Quizá también hizo a una entrañable Demetria, espíritu de mujer revolucionaria atrapada en una mansión de locura porfiriana, en la versión teatral de Doña Macabra (de Hugo Argüelles) con Carmen Montejo como coprotagonista; o una abuelita severa pero al final buena onda en ciertas telenovelas de corte infantil. Pero la gente siempre recordará a María Teresa Rivas como la mujer más odiada en el audiovisual del siglo XX mexicano. Y quizá la primera atacada físicamente, pues la anécdota sobre su apedreamiento es real.
Un rostro de facciones endurecidas, una figura imponente y gargolesca lista para emprender un vuelo violento sobre su atacado, una caída de ojos de una soberbia castrante, una voz que temblaba ligeramente y que se entregaba a la histeria en un grito de salvaje, todo eso y más era María Teresa Rivas.
Y un día fue casteada por Telesistema mexicano para actuar como la esposa de un hombre tan bueno, tan bueno, que se merecía la peor esposa del mundo, una que le negaba las ilusiones, lo ninguneaba y fue capaz incluso de bautizarlo como “Gutierritos”, haciendo notar lo poquita cosa que lo creía.
No llegó a ser un papel escrito en clave feminista, aún cuando para su época, era una esposa que tenía la particularidad de la insumisión y la independencia llevada a grados granguiñolescos y aleccionadores a la inversa (sólo una mala mujer podría tratar mal a su marido, aún cuando éste careciera de dignidad).
Convertida en la primera gran villana de la televisión mexicana, ese papel perseguiría a la Rivas de por vida y serviría de modelo para Elvira Quintana, quien haría el reprise de la esposa de “Gutierritos” en la versión cinematográfica del éxito telenovelero. Por ello es que Rivas participó poco en el cine de la época (desde entonces evidente y casi infranqueable la barrera entre las estrellas televisivas y las cinematográficas, lo que no le evitó formar parte del excelente melodrama Miércoles de Ceniza de Roberto Gavaldón, que tiene la particularidad de ser uno de los pocos filmes que toca el tema de la Guerra Cristera y el único que lo toca cercano a su fecha de término.
Esta cinta tenía un argumento y guión de Luis G. Basurto, famoso dramaturgo que en ese momento era un nombre garante de éxito y calidad, debido al suceso de su aclamada obra Cada quien su vida. Y en Miércoles de Ceniza este autor volverá a desarrollar los temas de represión sexual, prostitución y el choque trágico con la religión, la imposibilidad del amor y sus consecuencias. Rivas hará el papel de una prostituta que compite en amoralidad con el personaje de María Félix y del que se burla cruelmente señalándole un destino de soledad y fracaso, la verdugo salvaje de una mujer violada por un sacerdote que odia la religión y acaba enamorándose de otro sacerdote cristero al que oculta de la persecución.
Otro par de filmes en los que participó ejemplifican su carrera: bajo la batuta de Alejandro Jodorowsky, actúo como la madre de la protagonista en Fando y Lis, un filme experimental fantástico y de culto, basado en escritos de Francisco Umbral, figuró así como una gran actriz de teatro y cine vanguardista, mismos que modificaría los espectáculos audiovisuales de los setenta y que provocarían reacciones encontradas de directores tan importantes como el “Indio” Fernández y Roman Polanski.
En Siempre hay una primera vez, filme compuesto de tres cortometrajes, participó en el llamado Gloria, dirigido por el actor argentino Guillermo Murray, y en el que aparece como una madre castrante que destruye la percepción de la virginidad, el amor y el sexo en sus dos hijas, una que se libera y otra que acaba por mantenerse hipócritamente bajo su yugo. Este filme significa también la entrada al cine industrial mexicano, en ese momento una cuestión casi imposible de lograrse debido a las mafias existentes cerradas a la entrada de nuevos directores, tanto de Murray como de José Estrada y Mauricio Walerstein (director también) y la apuesta de una actriz ya reconocida sobre el trabajo de un trío de jóvenes.
En el teatro logró su consolidación como primera actriz en las siguientes obras: Testigo de cargo basada en el filme de Billy Wilder en donde hizo el papel que le tocó a interpretar a Marlene Dietrich; Leticia y amoricia de Peter Shaffer (escritor de Amadeus); El luto embellece a Electra de Eugene O´Neill; Jorge Lívido de Sergio Magaña, entre muchas otras cosas.
Y como curiosidad también podemos comentar que fue la escritora de varias canciones y poemas, uno de los cuales fue rescatado por Daniela Romo para uno de sus álbumes. Esta decía: “Te burlas del amor, pero aquí estoy de nuevo, echándole un remedio a esta vieja ilusión” ¿El título? “Tampoco fuiste tú”.
Alejandro Jodorowsky, cada quien su vida, carmen montejo, daniela romo, dona macabra, elvira quintana, emilio el indio fernandez, fando y lis, francisco umbral, guillermo murray, gutierritos, hugo arguelles, jose estrada, luis g baurto, maria felix, maria teresa rivas, mauricio walerstein, miercoles de ceniza, roberto gavaldon, roman polanski, siempre hay una primera vez, tampoco fuiste tu daniela romo