14 de Noviembre de 2009 - 5:03 pm | 2012 Críticas Especiales |
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Desde hace mucho tiempo se ha hablado sobre el fin del mundo, y ahora con el calentamiento global y el cambio climático que éste ha provocado, la idea de que la Tierra va a desaparecer es más vigente y fuerte que nunca, pero no va a ser por ningún virus, un meteoro gigante o una invasión alienígena, sino por la propia actividad humana.
El director Roland Emmerich, quien antes nos ofreció varias visiones sobre el fin del planeta, sea por invasión extraterrestre (Día de la independencia, 1996) o por un tsunami (El día después de mañana, 2004), ahora nos presenta 2012, una película sobre el fin de una civilización que había pronosticado los mayas, el cual ocurrirá en el solsticio de invierno, es decir el 21 de diciembre de 2012, que es cuando termina el calendario maya.
La película es un banquete de efectos especiales, impresionantes, sí, novedosos, no tanto, pero no tiene una historia lo bastante
sólida como para sostenerse por más de dos horas de duración. Eso sin mencionar que el director “refritea” algunas escenas de películas anteriores que planteaban el fin de nuestro planeta, su extinción, no sólo la renovación de la especie humana, como en 2012.
Además cae en ciertos lugares comunes, como el hecho de que al final la familia que fuera feliz en algún momento, vuelve a reunirse después de la catástrofe, que el presidente de Estados Unidos, que es el país favorito para iniciar las catástrofes y cuyo ejército curiosamente siempre es el salvador, muere como héroe.
Lo “novedoso” en esta ocasión es que el ejército estadounidense se muestra vulnerable y hasta débil, pues ni ellos que son la fuerza armada más poderosa, al menos, según ellos, no son capaces de detener la destrucción planetaria.
Otra cosa destacable es la de recalcar la influencia de la imagen de Barack Obama, como el que redentor de los estadounidenses, y cuyo origen (África) queda de manifiesto como el lugar de donde ha de provenir la esperanza.
Que 2012 va a ser una película taquillera, de eso no cabe duda, pero desafortunadamente no siempre el éxito en taquilla es garantía de calidad y menos de ganar algún premio de la industria.
2012
EU, 2009
Dir. Roland Emmerich
Con: John Cusack, Chiwetel Ejiofor, Amanda Peet, Oliver Platt, Thandie Newton, Danny Glover, Woody Harrelson
13 de Noviembre de 2009 - 1:42 pm | 2012 Críticas Especiales |
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2012
Calentamiento global. Erupciones solares sin precedentes. Profecías mayas. Un ensamble actoral impresionante. Efectos especiales desbordados. Roland Emmerich haciendo lo que mejor sabe. 158 minutos de una historia que bien podría haber sido contada en 100. Una destrucción masiva sin control, sin medida y sin alma.
2012, la nueva cinta del director del Día de la Independencia y El día después de mañana nos presenta ahora lo que debería haber llamado El día sin raza humana donde de nueva cuenta nos presenta una historia en la que la destrucción de todos los monumentos nacionales gringos y algunos universales son el mejor pretexto para atosigarnos durante casi tres horas de efectos especiales, y una trama tan débil que se resquebraja más rápido que el suelo de California.
Durante la cinta seguimos los pasos de una familia desde que escapan de Los Angeles hasta llegar al abordaje de una de las naves que salvarán a lo “mejor” de la raza humana para preservar la humanidad. Claro que el concepto de “lo mejor” se aplica para los que tienen dinero, dinero y dinero. Imaginen a todos los multimillonarios del mundo pagando un billón de euros por un asiento y salvar así su vida. Imaginen que dejan a niños y científicos por salvar a políticos amañados y reinas de Inglaterra con todo y sus perros.
Sin duda lo mejor de la cinta no son los efectos especiales, sino el magnífico reparto que intenta desenvolverse ante un guión sin pies ni cabeza lleno de lugares comunes y vehículo para los recursos técnicos, que por increíble que parezca, jamás logran ser tan impactantes como la historia podría sugerir. Ver a un John Cusack y una Amanda Peet reducidos al papel de pareja separada que se reúne porque sobreviven junto a sus hijos es francamente delirante y de risa loca. El mejor personaje de todos es un desquiciante Woody Harrelson, quien en su papel de un vociferante locutor de radio logra hacer reir y disfrutar de su locura.
Emmerich retoma elementos de sus otras cintas de destrucción (y no sólo hablo de ideas, usa stock de ellas) y vuelve de nuevo la mirada contra el capitalismo feroz al que no le importa la vida humana. Se vuelve a enfocar en la estupidez gubernamental norteamericana que da primordial importancia al protocolo de mando que a preservar la vida. Y de nueva cuenta desprecia a los políticos por carecer del humanismo que los científicos demuestran. Negativamente, el director, como un dios iracundo va determinando a que personajes castigar y es así como vemos morir a aquellos que no tienen escrúpulos o aquellas mujeres que por dinero viven con alguien o aquellos que son desleales a sus jefes. Pero también salva a los que tienen el alma pura y buena.
Cuando la destrucción inicia, casi a una hora de que 2012 ha iniciado, te impacta, pero ese impacto inicial se ve diluido por las torpes maneras de poner a los protagonistas al extremo del peligro sin que se les despeine una sola ceja. Lamentablemente la destrucción en esta ocasión es vacía y no logra que los espectadores se emocionen y deslumben con ella. Para mí y por motivos personales ver la caída de la cúpula de San Pedro sobre un montón de católicos rezando y la muerte del Cristo de Corcobado son de lo más disfrutable y salvable de ellos. El final de la cinta es también de lo más rescatable, saber que se acabaron los efectos nos hacen respirar y pensar que quizá no todo este perdido.
Una advertencia: véanla en cines de pantalla grande para apreciar en su ínfimo detalle cada efecto especial, y por supuesto, concéntrense para resistir las casi tres horas que dura la película, aunque el estar sentado produzca calambres.
Start Slide Show with PicLens Lite13 de Noviembre de 2009 - 12:14 pm | 2012 Críticas Especiales |
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Cientos de veces los estadunidenses se han empeñado en recordarnos que no hay nada de qué preocuparse mientras el mundo se encuentre bajo su jurisdicción. Cual angelito de la guarda están predestinados a salvarnos protegidos por el lema En Dios confiamos – In God we trust- una total ironía si recordamos que durante toda su historia han contribuido a que los cementerios de distintos sitios del orbe tengan sobrecupo. 
En esta ocasión, quién mejor para retomar ese aberrante discurso político que Roland Emmerich, director alemán promotor de la ideología yanqui más reaccionaria e hipócrita que se haya visto en los últimos años, basta ver Día de la independencia y El día después de mañana.
La película repite la fórmula que Emmerich ha explotado hasta el cansancio (la cual le ha dejado cuantiosas ganancias en taquilla): una inmensa catástrofe que amenaza la supervivencia humana. Así es, la originalidad no es algo que caracterice a 2012, de hecho está llena de personajes estereotipados y lugares comunes.
Durante los primeros minutos, Emmerich realiza una copia al carbón de la cinta La guerra de los mundos protagonizada por Tom Cruise. Al igual que Steven Spielberg, nos muestra los intentos de un padre divorciado (John Cusack) por ganarse la simpatía y admiración de sus hijos, sobre todo del mayor.
Inician los desastres y de ahí en adelante 2012 se convierte en una trepidante aventura de grandes proporciones y extraordinarios efectos especiales.
Pero no todo es miel sobre hojuelas. Es comprensible que en una cinta de ciencia ficción algunas circunstancias sean inverosímiles pero en este caso hay escenas que rebasan los límites de lo absurdo. Cusack, por ejemplo es el súper hombre capaz de sobrevivir a los peores peligros que la naturaleza le ponga enfrente. Su habilidad al volante la envidiaría el mismísimo Michael Schumacher y qué decir de esa condición física que haría palidecer a Usain Bolt. Reitero, la supremacía yanqui está presente todo el tiempo.
2012 es la visión maniquea de un director que muestra a los miembros de la sociedad capitalista americana como personas llenas de virtudes, buenos sentimientos y valores como la amistad, la solidaridad, la confianza y el sacrificio, personificados sobre todo en la figura del Presidente de Estados Unidos ¿Un guiño a Barak Obama? Creo que sí. Y claro, no podía faltar la otra cara de la moneda, el ruso traidor y oportunista de rostro acartonado que busca su propio beneficio.
Sin duda los diálogos merecen mención aparte ya que oscilan entre lo absurdo y lo patético. Una vez más, somos testigos de la forma en que los estadunidenses enfrentan a la muerte con una mano en la cintura, contando chistes y anécdotas intrascendentes en momentos que se supone deberían ser presa de la angustia.
El clímax parece extraído de la cinta Su excelencia, protagonizada por Cantinflas, donde el mimo mexicano une a las naciones mediante un mensaje moralista y manipulador.
Diversión palomera para un fin de semana.
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